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Los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos
en la Declaración del Milenio comprometen a los países
a tomar nuevas medidas y aunar esfuerzos en la lucha contra la
pobreza, el analfabetismo, el hambre, la falta de educación,
la desigualdad entre los géneros, la mortalidad infantil
y materna, la enfermedad y la degradación del medio ambiente.
El octavo objetivo, reafirmado en Monterrey y Johannesburgo, insta
a los países ricos a adoptar medidas para aliviar la deuda,
incrementar la asistencia y permitir a los países más
pobres el acceso a sus mercados y tecnología.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio constituyen
una prueba de la voluntad política de establecer asociaciones
más sólidas. Los países en desarrollo tienen
la responsabilidad de emprender reformas políticas y fortalecer
la gobernabilidad para liberar la energía creativa de sus
pueblos. Sin embargo, no pueden lograr por sí solos el
cumplimiento de los Objetivos, sin nuevos compromisos de asistencia,
normas de intercambio equitativas y el alivio de la deuda. Los
Objetivos ofrecen al mundo los medios que permiten acelerar el
ritmo del desarrollo y medir los resultados.
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